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escrito por Kiyomi Alatriste Trejo
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sábado, 27 de febrero de 2010 |
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Cierta vez un acaudalado padre de familia llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que este viera cuán pobres eran ciertas personas y comprendiera el valor de las cosas y lo profundamente afortunados que eran ellos. Al concluir el viaje, ya de regreso en casa, le preguntó a su hijo: -¿Qué te pareció el viaje? -¡Muy bonito, papá! -¿Viste qué tan pobre y necesitada puede ser la gente? -Si -¿Y qué aprendiste? -Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de veinticuatro metros, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta el muro de la casa, el de ellos hasta el horizonte. Especialmente, papá vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mi mamá deben trabajar todo el día y casi nunca los veo. El padre se quedo mudo y el niño agregó: -Gracias papá por enseñarme lo ricos que podríamos llegar a ser.
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Modificado el ( jueves, 04 de marzo de 2010 )
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